top of page

Después del sismo: evaluar no basta, hay que decidir qué sigue

2 sept
4 min de lectura

Un sismo puede durar segundos. Determinar si un edificio puede volver a ocuparse, en cambio, puede requerir horas, días o semanas.

 

Ahí aparece un problema que suele recibir menos atención que el movimiento mismo: después del evento es necesario transformar daños visibles, incertidumbre técnica y presión social en decisiones concretas. ¿Se puede entrar? ¿Puede continuar la operación? ¿Debe restringirse una zona? ¿La estructura necesita rehabilitación? ¿Es preferible considerar su demolición?

 

La experiencia acumulada en la infraestructura educativa mexicana después de los sismos de septiembre de 2017 ofrece una respuesta particularmente valiosa para quienes trabajan en seguridad integral: evaluar daños no es una sola actividad, sino un proceso progresivo de toma de decisiones.

 

El Banco Mundial reportó que 19,194 planteles escolares presentaron algún grado de daño tras esos sismos: 12,014 con daños menores, 6,970 con daños moderados o moderados/severos y 210 con daño muy severo que condujo a reconstrucción. El mismo informe señala que no se registraron víctimas en instalaciones escolares.

 

Más que una estadística, la experiencia permitió estructurar una metodología para responder ordenadamente a una pregunta fundamental: ¿qué hacemos con el edificio después del sismo?


 

Tres preguntas, tres niveles de decisión

 

La metodología desarrollada por el INIFED con la participación del Instituto de Ingeniería de la UNAM organiza la evaluación postsísmica en tres niveles. Cada uno responde una pregunta distinta.

 

Nivel 1: ¿se puede usar el edificio?

 

El Método de Evaluación Rápida, MER, se aplica durante las horas y días posteriores al sismo. Su finalidad es identificar de manera expedita estructuras visiblemente seguras, potencialmente peligrosas o claramente inseguras.

 

La metodología estima una duración aproximada de 20 minutos a dos horas por edificio, dependiendo de su tamaño y complejidad, y señala que generalmente se realiza desde el exterior.

 

El resultado no es únicamente técnico. Se convierte en una instrucción operativa mediante avisos de “Uso Permitido”, “Acceso y Uso Restringidos” o “Acceso Prohibido”.

 

Aquí aparece una primera lección para la seguridad integral: una evaluación sirve cuando puede traducirse en una decisión comprensible para quienes están expuestos al riesgo.

 

Nivel 2: ¿se debe rehabilitar?

 

Cuando existen dudas que la inspección rápida no puede resolver, se pasa al Método de Evaluación Intermedia, MEI.

 

Ya no basta con observar si aparentemente puede utilizarse el inmueble. El objetivo es obtener información más detallada y estimar aproximadamente su seguridad estructural para determinar si requiere rehabilitación o si debe considerarse su demolición.

 

Además, este nivel puede utilizarse con fines preventivos, antes de que ocurra un sismo, para identificar edificios que necesitan intervención y establecer prioridades.

 

Ese cambio resulta especialmente relevante: la evaluación deja de ser exclusivamente postsísmica y se convierte también en una herramienta preventiva.

 

Nivel 3: ¿cómo se debe rehabilitar?

 

Cuando la necesidad de intervenir está establecida, comienza una evaluación profunda.

 

Este nivel exige un levantamiento detallado de daños, evaluación cuantitativa de la capacidad estructural, análisis de alternativas de rehabilitación y diseño de las soluciones seleccionadas. En determinados casos puede requerir también intervención geotécnica.

 

La Guía técnica de rehabilitación establece requisitos mínimos para esta etapa y contempla intervenciones como reparación, reforzamiento, rigidización y recimentación, dentro del marco normativo aplicable.

 

La secuencia es importante: primero se decide si usar; después, si rehabilitar; finalmente, cómo rehabilitar.



El mantenimiento también forma parte del desempeño sísmico

 

Uno de los aprendizajes más importantes de estos documentos es que el comportamiento de una estructura no depende exclusivamente de cómo fue calculada originalmente.

 

La metodología señala que el deterioro de los materiales puede perjudicar su desempeño durante sismos intensos y relaciona ese deterioro con factores como calidad deficiente de construcción y mantenimiento inadecuado. Entre los problemas documentados aparecen corrosión del acero de refuerzo, exposición del refuerzo, deficiencias en juntas y residuos en juntas constructivas.

 

El resumen elaborado por el Banco Mundial llega a una conclusión semejante: las escuelas diseñadas y construidas conforme a regulaciones modernas y con mantenimiento adecuado mostraron un desempeño sísmico superior al de inmuebles con deficiencias de diseño o conservación.

 

Para la gestión de riesgos, esto modifica una pregunta habitual. No basta con preguntar “¿cumplía cuando fue construido?”. También hay que preguntar “¿en qué condición se encuentra hoy?”.



Una evaluación también es comunicación del riesgo

 

Después de un sismo existe otra estructura que puede deteriorarse rápidamente: la confianza.

 

Estudiantes, familias, trabajadores y responsables de los inmuebles necesitan saber qué significa el daño observado y qué pueden hacer. El Manual de campo dedica un apartado específico al aspecto humano y recomienda que la comunicación sea clara, concisa, consistente, creíble y sustentada en hechos.

 

Esto no es un complemento de relaciones públicas. Es parte del control del riesgo.

 

Un aviso colocado en una puerta, una zona acordonada o una restricción de acceso solo funcionan cuando quienes reciben el mensaje comprenden su significado y respetan la decisión técnica.


Puedes revisar el material de las publicaciones dando clic aquí.


---

 

Reflexión final


Una estructura segura no es solamente la que fue bien calculada. Es también la que se conserva, se observa, se evalúa y, cuando es necesario, se interviene antes de que sus debilidades se conviertan en consecuencias. La experiencia de las escuelas mexicanas deja una lección que trasciende al sector educativo: después de reconocer un riesgo, siempre debe existir una respuesta clara a la siguiente pregunta: ¿qué hacemos ahora?

 


Ten un día seguro®.

EdukaSafety®



Fuentes consultadas

  • Alcocer Martínez de Castro, S. M., Valencia Ronquillo, G. A., & Bautista Monroy, R. (2021). Evaluación postsísmica de la infraestructura física educativa de México. Volumen 2: Introducción al comportamiento sísmico de estructuras para fines de evaluación. Instituto de Ingeniería, UNAM e INIFED.

  • Alcocer Martínez de Castro, S. M., Valencia Ronquillo, G. A., & Bautista Monroy, R. (2021). Evaluación postsísmica de la infraestructura física educativa. Manual de campo. Instituto de Ingeniería, UNAM e INIFED.

  • Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa & Instituto de Ingeniería, UNAM. (2021). Evaluación postsísmica de la infraestructura física educativa de México. Volumen 1: Metodología.

  • Alcocer Martínez de Castro, S. M. (Coord.) & Murià Vila, D. (Co-coord.). (2021). Rehabilitación sísmica de la infraestructura física educativa de México. Guía técnica. Instituto de Ingeniería, UNAM e INIFED.

  • World Bank. (2018). Advisory services to support the recovery of school infrastructure in Mexico affected by the September 2017 earthquakes: Executive summary. Global Program for Safer Schools.


Comentarios


bottom of page