Sismos: la seguridad no se improvisa ni se construye con anécdotas
- EdukaSafety

- 13 jul
- 11 min de lectura
En una emergencia, las personas rara vez disponen de tiempo para investigar, comparar fuentes o analizar argumentos. Por lo general, actúan con base en aquello que recuerdan y en las instrucciones que consideran confiables.
Por esta razón, comunicar procedimientos de seguridad implica una responsabilidad especial. Una indicación imprecisa puede llevar a alguien a abandonar una posición protegida, dirigirse hacia una escalera, aproximarse a una fachada o desplazarse por el edificio mientras el suelo continúa moviéndose.
Recientemente, en redes sociales circulan videos en los que voluntarios con experiencia en búsqueda y rescate propone evacuar según el número de niveles del edificio, subir a la azotea desde los pisos superiores, acostarse boca abajo con brazos y piernas extendidos y buscar un supuesto “espacio vital” relacionado con el llamado “triángulo de la vida”. Si bien, esta cadena de videos son recientes y relacionados con el sismo que afectó a Venezuela, existen históricamente publicaciones en diferentes redes que proporcionan información incorrecta sobre los protocolos a seguir antes, durante y después de una emergencia.
El mensaje puede resultar convincente porque se apoya en observaciones realizadas en estructuras colapsadas y en experiencias de rescate. Sin embargo, una observación posterior a un derrumbe no puede convertirse, por sí sola, en un procedimiento preventivo aplicable a todas las personas y a todos los edificios.
El análisis técnico de esta información que se ha hecho viral revela un problema de fondo: presenta la autoprotección durante el movimiento, la evacuación y la supervivencia bajo escombros como si fueran un mismo proceso. En realidad, cada uno responde a objetivos, momentos y condiciones diferentes.
Además, varias de las recomendaciones difundidas no coinciden con las orientaciones de organismos especializados y podrían aumentar la exposición a caídas, cristales, objetos desprendidos, escaleras y elementos de fachada.
El propósito de este análisis no es cuestionar a quienes comunican el mensaje, sino revisar la validez de sus indicaciones. Desde esa perspectiva, la conclusión debe ser clara: la información difundida no cuenta con respaldo suficiente para presentarse como un procedimiento general de seguridad y algunas de sus recomendaciones pueden incrementar el riesgo durante un sismo.

La experiencia no es lo mismo que la evidencia
La experiencia práctica tiene un enorme valor en la seguridad integral. Permite reconocer patrones, detectar problemas que no siempre aparecen en los manuales y formular nuevas preguntas.
Pero una anécdota no demuestra causalidad.
Encontrar a una persona viva junto a un mueble no prueba que ese mueble haya producido su supervivencia. Observar un vacío entre escombros no significa que ese vacío pudiera predecirse antes del derrumbe. Saber dónde se localizaron algunas víctimas tampoco informa cuántas personas adoptaron una conducta semejante y no sobrevivieron.
Esta limitación se conoce como sesgo de supervivencia: se observan los casos que permanecieron disponibles para ser estudiados, pero no necesariamente todos los que permitirían comparar resultados.
La experiencia puede originar una hipótesis. Para convertirla en recomendación general se requiere algo más: datos, análisis comparativo, fundamentos biomecánicos y estructurales, revisión profesional, pruebas y resultados reproducibles.
También debe distinguirse la competencia específica. Un especialista en rescate urbano puede poseer conocimientos extraordinarios para localizar personas, interpretar escombros y operar dentro de estructuras dañadas. Eso no significa necesariamente que tenga la misma competencia en ingeniería sísmica, evacuación, comportamiento de multitudes, epidemiología de lesiones o diseño de procedimientos preventivos.
Una recomendación no se vuelve correcta por la reputación de quien la pronuncia, sino por la evidencia científica que la respalda.
Tres momentos que no deben confundirse
Entre los errores más importantes de las publicaciones encontramos que se trata como equivalentes a tres procesos distintos.
Autoprotección durante el movimiento. Su propósito es reducir lesiones inmediatas por pérdida del equilibrio, golpes, cristales, luminarias, plafones, mobiliario y objetos que caen o se desplazan.
Evacuación. Es el traslado organizado de personas hacia una zona evaluada como segura. Requiere rutas, responsables, control de flujos, apoyo a personas con necesidades específicas, puntos de reunión, conteo y criterios de reingreso.
Supervivencia después de un colapso. Corresponde al escenario extremo en el que la estructura ya falló y existen personas atrapadas entre los escombros.
Las observaciones realizadas durante la tercera fase pueden ser valiosas para los equipos de búsqueda y rescate. No pueden trasladarse automáticamente a las decisiones que deben tomar los ocupantes durante la primera.
Un rescatista examina una geometría que ya existe. Quien se encuentra dentro de un edificio durante la sacudida no puede saber qué elemento fallará, hacia dónde caerá una losa, qué objeto se volcará ni dónde se conservará un espacio sobrevivible.

Evacuar durante el movimiento no es una regla universal
También se propone en ocasiones evacuar los edificios que tengan hasta cierto número de pisos.
No existe fundamento técnico para utilizar un número determinado de niveles como frontera universal entre salir y permanecer dentro.
El número de niveles no permite saber si la evacuación puede realizarse con seguridad. Para tomar esa decisión habría que considerar, entre otros factores:
la ubicación de cada persona;
la distancia hasta una salida;
el tiempo disponible;
el estado de pasillos y escaleras;
la cantidad y movilidad de los ocupantes;
la capacidad de las rutas;
los peligros interiores y exteriores;
las características estructurales y no estructurales del inmueble.
Una persona situada en una planta baja, pero lejos de la salida, podría tardar más en evacuar que alguien ubicado cerca de una zona previamente definida de menor riesgo. Una escalera congestionada puede convertirse en un punto crítico. Una salida que conduce directamente hacia una fachada tampoco representa necesariamente un destino seguro.
Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) indican que, en la mayoría de las situaciones, quien está dentro debe permanecer dentro y aplicar el procedimiento “Agáchate, cúbrete y sujétate”. Quien ya se encuentra en el exterior debe permanecer fuera y alejarse de elementos que puedan caer.
Debe hacerse una distinción importante. Cuando existe un sistema de alertamiento temprano, puede haber algunos segundos para ejecutar acciones definidas con anterioridad. En ciertos inmuebles, el plan puede indicar desplazarse hacia una zona interior de menor riesgo; en otros contextos podría contemplarse una salida inmediata cuando la ruta y el tiempo disponible lo permitan.
Lo decisivo es que esa acción forme parte de un procedimiento evaluado y practicado. No debe improvisarse con base en una cifra arbitraria de pisos.
Una vez iniciado el movimiento fuerte, desplazarse puede aumentar la posibilidad de caer o quedar expuesto a objetos desprendidos.
Subir a la azotea es una recomendación especialmente peligrosa
La propuesta de subir a la azotea desde los pisos superiores presenta numerosos problemas.
Para llegar a ella, una persona tendría que caminar o correr durante la sacudida, acceder a escaleras, cruzar otros niveles y prolongar su tiempo de exposición. También podrían generarse contraflujos entre quienes intentan subir y quienes intentan bajar.
La azotea, además, no es automáticamente una zona segura. Allí se pueden encontrar:
tinacos;
antenas;
paneles;
pretiles;
tuberías;
cuartos de máquinas;
equipos de climatización;
estructuras ligeras;
objetos almacenados sin fijación.
La recomendación parece asumir que el edificio colapsará verticalmente y que la cubierta quedará completa y accesible sobre los escombros. Los colapsos reales no siguen un único patrón. Puede haber fallas parciales, torsión, inclinación de losas, pérdida de escaleras, desprendimiento de fachadas o desplazamientos laterales.
No puede garantizarse que una azotea permanezca íntegra, horizontal o en la parte superior del conjunto.
Ninguna de las fuentes institucionales consultadas establece que las personas en pisos altos deban subir a la azotea durante el movimiento. Earthquake Country Alliance señala expresamente que, incluso en edificios de varios niveles, la conducta recomendada es protegerse mediante “Agáchate, cúbrete y sujétate”.
Inducir a una población a entrar en escaleras durante la sacudida no constituye una medida prudente. Es introducir movilidad, exposición y posible congestión en el momento de mayor inestabilidad.
La posición de “estrella de mar”
Otra propuesta reciente propone acostarse boca abajo, con brazos y piernas extendidos, para evitar rodar durante un posible colapso.
No existe evidencia suficiente para afirmar que esta posición mejore la probabilidad de supervivencia y tampoco se encontraron en fuentes oficiales y confiables un protocolo institucional, estudio biomecánico o investigación comparativa que la respalde.
Desde la lógica básica de autoprotección, la postura genera dificultades:
aumenta la superficie corporal expuesta;
separa y expone las extremidades;
dificulta cubrir cabeza y cuello;
reduce la posibilidad de alcanzar una protección inmediata;
no evita el impacto de objetos;
no ofrece protección contra aplastamiento estructural.
Afirmar que una posición corporal salva vidas requeriría comparar lesiones y resultados entre grupos, analizar el tipo de movimiento, la estructura, los objetos presentes y otros factores. Un relato individual no permite establecer esa relación.
El procedimiento “Agáchate, cúbrete y sujétate” parte de una lógica diferente. Bajar sobre manos y rodillas reduce la probabilidad de ser derribado, permite conservar cierta movilidad y facilita cubrir cabeza y cuello. Los CDC señalan que esta posición protege frente a las caídas y permite desplazarse una distancia corta cuando sea indispensable alcanzar una cubierta inmediata.
La diferencia es fundamental: una postura está respaldada por procedimientos convergentes y orientada a peligros frecuentes; la otra es una propuesta sin validación presentada como regla de supervivencia.

El problema del “triángulo de la vida”
El llamado “triángulo de la vida” plantea que una persona debería colocarse junto a un objeto grande, en lugar de protegerse debajo de una mesa resistente, con la expectativa de que los escombros formen un vacío lateral.
La imagen puede parecer intuitiva cuando se observa una estructura después de colapsar. Sin embargo, antes del derrumbe sería necesario anticipar:
qué elemento estructural fallará;
en qué dirección caerá;
cuánto se deformará;
si el mueble se desplazará o volcará;
qué peso recibirá;
si el piso inferior resistirá;
si caerán objetos adicionales;
si el supuesto vacío tendrá dimensiones sobrevivibles.
El ocupante no dispone de esa información.
El error consiste en convertir una geometría observada después del colapso en una ubicación aparentemente predecible antes de que ocurra.
Earthquake Country Alliance rechaza el “triángulo de la vida” como sustituto de “Agáchate, cúbrete y sujétate”. Explica que el objetivo del procedimiento recomendado es proteger frente a escombros proyectados y otros peligros no estructurales, además de aumentar la posibilidad de conservar un espacio sobrevivible debajo de una mesa resistente si llegara a producirse un colapso.
Esto no significa que una mesa haga invulnerable a una persona ni que todos los escenarios sean idénticos. Significa que un protocolo general debe responder a peligros previsibles y frecuentes, no depender de acertar la geometría futura de un derrumbe.
El procedimiento respaldado durante el movimiento
En la mayoría de las situaciones interiores, la recomendación institucional convergente es:
Agáchate. Baja inmediatamente sobre manos y rodillas. Esto reduce la posibilidad de que el movimiento te derribe y permite conservar una movilidad limitada.
Cúbrete. Protege cabeza y cuello. Cuando haya una mesa o escritorio resistente al alcance inmediato, colócate debajo. Evita ventanas, espejos, libreros, gabinetes, luminarias y objetos pesados susceptibles de caer.
Cuando no exista una mesa cercana, baja junto a una pared interior o un mueble bajo que no pueda volcarse y cubre cabeza y cuello con brazos y manos.
Sujétate. Sujeta la mesa o la cubierta para desplazarte con ella si el movimiento la mueve. Mantén la posición hasta que termine la sacudida.
Los CDC, la Cruz Roja Americana, FEMA y Earthquake Country Alliance mantienen esta orientación como acción inmediata de protección.
No debe interpretarse como una fórmula ciega. Requiere adaptaciones:
En cama, permanece ahí y protege la cabeza con una almohada, salvo que exista un peligro inmediato encima o junto a ella.
En silla de ruedas, bloquea las ruedas cuando sea posible, permanece sentado y protege cabeza y cuello.
En exteriores, aléjate de fachadas, postes, cableado, árboles y otros elementos que puedan caer.
Al conducir, detente de manera controlada lejos de puentes, edificios, árboles y líneas eléctricas, y permanece dentro del vehículo hasta que termine el movimiento.

Después del movimiento: evaluar antes de evacuar
La evacuación puede ser necesaria después de la sacudida, pero debe responder a condiciones concretas.
Al terminar el movimiento:
Observa los peligros inmediatos.
Prepárate para posibles réplicas.
Repite “Agáchate, cúbrete y sujétate” si vuelve a temblar.
Revisa si hay personas lesionadas.
Detecta humo, fuego, olor a gas, cables dañados o desprendimientos.
Evacúa cuando el edificio esté dañado, exista una amenaza interna, lo indique la autoridad o así lo establezca el procedimiento del inmueble.
Utiliza una ruta verificada.
Dirígete al punto de reunión.
Participa en el conteo.
No reingreses hasta que exista autorización.
Los CDC recomiendan anticipar réplicas y volver a protegerse cuando ocurran. También advierten que las zonas costeras con amenaza de tsunami requieren desplazarse tierra adentro y hacia terrenos elevados después del sismo.
Salir tampoco garantiza seguridad. El exterior puede contener vidrios, pretiles, marquesinas, anuncios, cableado, tránsito, fugas y fachadas dañadas. Una evacuación no termina al cruzar la puerta: termina cuando las personas llegan a una zona previamente evaluada, se realiza el conteo y se controla el reingreso.
Prepararse es más importante que memorizar frases
El procedimiento durante la sacudida es solo una parte de la gestión sísmica. La protección real comienza mucho antes.
Una organización debería:
identificar peligros estructurales y no estructurales;
fijar libreros, gabinetes, equipos y objetos pesados;
definir zonas de menor riesgo;
verificar rutas y salidas;
asignar responsabilidades;
contemplar personas con discapacidad o movilidad limitada;
establecer puntos de reunión;
practicar distintos escenarios;
revisar el plan después de cada simulacro;
capacitar a brigadistas con fuentes verificables.
FEMA señala que asegurar el mobiliario y practicar “Agáchate, cúbrete y sujétate” son medidas útiles para disminuir lesiones.
La improvisación aparece cuando el plan no existe, no se conoce o nunca se ha probado.
Cómo evaluar un consejo antes de compartirlo
Antes de difundir una recomendación sobre emergencias, conviene formular algunas preguntas:
¿Identifica fuentes técnicas verificables?
¿Distingue entre alerta, movimiento y periodo posterior?
¿Explica en qué contextos aplica y cuáles son sus límites?
¿Considera la movilidad de las personas y las características del inmueble?
¿Se apoya en datos o únicamente en relatos?
¿Coincide con organismos especializados?
¿Podría hacer que las personas se desplacen hacia un peligro mayor?
Un mensaje no se vuelve seguro porque suene convincente, porque lo comparta una persona admirada o porque incluya testimonios impactantes.
En comunicación del riesgo, compartir también es intervenir.
Una afirmación falsa sobre un sismo puede traducirse directamente en conducta: abandonar una mesa, correr hacia una escalera, subir varios niveles, aproximarse a una fachada o contradecir al personal responsable de la emergencia. Los documentos de análisis advierten que el alcance de estas recomendaciones incrementa su capacidad de daño, porque transforma una opinión no verificada en una aparente instrucción pública.
La obligación profesional no es defender autoridades personales. Es proteger a la población mediante información verificable.
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Reflexión final
La experiencia de quienes han participado en rescates merece reconocimiento y escucha. Pero escuchar no significa renunciar al análisis crítico. En seguridad, una historia puede enseñarnos, conmovernos o ayudarnos a formular preguntas; no basta para establecer un procedimiento universal. Cuando una decisión puede proteger o poner en peligro una vida, la buena intención y la experiencia personal no bastan, debe ir acompañada de evidencia. La prevención responsable comienza cuando dejamos de preguntar quién dio el consejo y empezamos a verificar qué lo sustenta.
Ten un día seguro®.
EdukaSafety®
Fuentes consultadas
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Arlikatti, S., Huang, S.-K., Yu, C.-H., & Hua, C. (2019). ‘Drop, Cover and Hold On’ or ‘Triangle of Life’ attributes of information sources influencing earthquake protective actions. International Journal of Safety and Security Engineering, 9 (3), 213–224.
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Petal, M. (2004). Douglas Copp - Worse than Urban Legend: Dangerous Advice! And now for some good advice for earthquake safety. Kandilli Observatory and Earthquake Research Institute.
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