Ayuda humanitaria en desastres: cuando la buena intención aumenta el peligro
- EdukaSafety

- 29 jun
- 4 min de lectura
Después de un sismo, una inundación o un colapso estructural, la solidaridad aparece de inmediato. Personas, empresas, grupos comunitarios y voluntarios quieren “hacer algo”. Esa reacción humana es valiosa; de hecho, muchas respuestas iniciales dependen de capacidades locales y redes comunitarias que conocen el territorio antes que cualquier actor externo. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) ha insistido en que los actores locales son clave para la efectividad humanitaria, precisamente porque tienen presencia, legitimidad y conocimiento contextual.
El problema surge cuando la buena intención se convierte en presencia desordenada. Llegar a una zona de desastre sin acreditación, sin equipo, sin autonomía logística y sin coordinación puede aumentar la carga de trabajo de quienes ya están respondiendo. A esto se le suele llamar “turismo del desastre”: personas que acuden al sitio movidas por curiosidad, emoción, deseo de ayudar o exposición mediática, pero sin una función operativa clara.
No todo voluntario espontáneo es un problema. El riesgo aparece cuando no existe gestión. Diversos programas de preparación reconocen que los voluntarios no afiliados pueden aportar, pero requieren sistemas de registro, asignación, supervisión y seguridad para integrarse de forma útil a la respuesta.

Equipos correctos para tareas correctas
En operaciones de búsqueda y rescate, especialmente en estructuras colapsadas, no basta con voluntad. Se requieren competencias técnicas, mando, comunicaciones, evaluación estructural, seguridad del personal, control médico, logística y coordinación interinstitucional.
El Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate (INSARAG), red internacional bajo el paraguas de Naciones Unidas, establece normas mínimas y metodologías para equipos USAR, particularmente en respuesta a terremotos y colapsos estructurales. Su enfoque no solo clasifica capacidades; también busca que los equipos trabajen bajo una coordinación común, evitando duplicidades y riesgos innecesarios.
La diferencia entre un equipo adecuado y un grupo improvisado no es estética, es operacional. Un equipo correcto llega con mando identificado, entrenamiento verificable, equipo de protección personal, autonomía de alimentos y agua, capacidad de comunicación, control sanitario, protocolos de seguridad y disposición para integrarse al sistema de comando local. Un grupo improvisado puede bloquear accesos, consumir recursos escasos, exponerse a réplicas, contaminar escenas, interferir con maquinaria o generar información falsa.
Desde la seguridad integral, la pregunta no debe ser “¿quién quiere ir?”, sino “¿quién tiene la competencia, autorización y función necesaria para ir?”.
El principio humanitario: no hacer daño
La ayuda humanitaria no se mide solo por la cantidad de personas movilizadas, sino por su pertinencia. Sphere, uno de los marcos internacionales más reconocidos en respuesta humanitaria, parte del derecho de las personas afectadas a recibir asistencia y protección con dignidad. Su manual es utilizado por gobiernos, agencias de Naciones Unidas y organizaciones humanitarias para planear, ejecutar y evaluar operaciones de respuesta.
Ese enfoque obliga a mirar más allá del impulso de ayudar. En una zona afectada hay personas heridas, familias en duelo, infraestructura inestable, rutas críticas, riesgos sanitarios y necesidades logísticas. La presencia no coordinada puede vulnerar privacidad, obstaculizar evacuaciones o convertir el desastre en escenario de observación. Ayudar no es ocupar espacio, es reducir carga.
Por eso, una regla práctica debería repetirse en toda organización: si no fui solicitado, no estoy equipado y no sé a quién reportar, probablemente no debería estar allí.
Qué sí pueden hacer empresas, brigadas y ciudadanos
La prevención del turismo del desastre empieza antes del desastre. Las empresas con brigadas internas, áreas de seguridad, continuidad o responsabilidad social deben definir previamente qué capacidades pueden ofrecer y bajo qué condiciones.
Integrar convenios con autoridades, Cruz Roja, protección civil, bomberos u organizaciones humanitarias reconocidas.
Formar voluntarios antes de la emergencia, no durante ella.
Mantener inventarios reales de recursos: transporte, radios, maquinaria, botiquines, refugio temporal, agua, alimentos, energía, personal médico o apoyo psicosocial.
Establecer criterios de activación: quién autoriza, quién coordina, qué se despliega y cuándo se retira.
Para ciudadanos sin formación operativa, la ayuda más efectiva suele estar lejos de la zona caliente: donar a canales confiables, clasificar víveres según listas oficiales, apoyar centros de acopio validados, ofrecer alojamiento, transporte controlado o apoyo administrativo. La ayuda también consiste en no compartir rumores, no grabar víctimas, no saturar rutas y no presentarse en el lugar solo para “ver qué se necesita”.
El voluntariado responsable no desaparece, se organiza.

Implicaciones para la seguridad integral
Los profesionales de seguridad integral tienen un papel estratégico: traducir la solidaridad en capacidad útil. Esto implica evaluar riesgos, filtrar accesos, proteger al personal voluntario, coordinar con autoridades y recordar que la escena del desastre no es un espacio abierto, sino un entorno operativo de alto riesgo.
También implica una postura ética. La exposición mediática, la presión reputacional o la urgencia emocional pueden llevar a decisiones equivocadas. Una empresa no debe enviar personal a una zona afectada para “estar presente” si no tiene una función clara. Una brigada no debe autodesplegarse si no está integrada al mando local. Un ciudadano no debe cruzar perímetros de seguridad porque “solo quiere ayudar”.
En desastres, la buena intención sin disciplina puede convertirse en una segunda emergencia.
---
Reflexión final
La ayuda humanitaria necesita corazón, pero también método. Necesita solidaridad, pero también mando. Necesita manos, pero no cualquier mano en cualquier lugar.
Evitar el turismo del desastre no significa desalentar la ayuda, significa dignificarla. La respuesta correcta no es llenar la zona de personas, sino colocar a las personas correctas, con la preparación correcta, en el lugar correcto y bajo la coordinación correcta. Porque en una emergencia, ayudar bien también es una forma de cuidar.
Ten un día seguro®.
EdukaSafety®
Fuentes consultadas
International Federation of Red Cross and Red Crescent Societies. (2015). World Disasters Report 2015: Focus on local actors, the key to humanitarian effectiveness. IFRC.
INSARAG. (s.f.). Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate. Naciones Unidas.
United Nations Office for the Coordination of Humanitarian Affairs. (2015). INSARAG Guidelines for Urban Search and Rescue Teams. OCHA.
Sphere Association. (s.f.). The Sphere Handbook: Standards for quality humanitarian response. Sphere.
Sphere Association. (s.f.). What are humanitarian standards? Sphere.
Points of Light Foundation, UPS Foundation & National Voluntary Organizations Active in Disaster. (2003). Managing spontaneous volunteers in times of disaster. PrepareCenter.
Western Region Homeland Security Advisory Council. (s.f.). Spontaneous unaffiliated volunteers training series. WRHSAC.




Comentarios