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Cuando los mitos también generan riesgo

2 feb
4 min de lectura

En la gestión del riesgo, no solo enfrentamos amenazas físicas, también lidiamos con ideas equivocadas que condicionan cómo prevenimos, cómo respondemos y cómo decidimos. Muchos de los errores recurrentes en protección civil, seguridad integral y análisis de riesgos no se explican por falta de datos, sino por mitos profundamente arraigados sobre lo que es un desastre y cómo ocurre.

 

Recientemente, PreventionWeb, la plataforma de conocimiento de la UNDRR, publicó un artículo que desmonta siete de estos mitos. Revisarlos no es un ejercicio académico: es una condición necesaria para reducir el riesgo en serio.


 

1. Mito 1: “Los desastres son naturales”

 

Este es, probablemente, el mito más persistente… y el más dañino. Los terremotos, las lluvias intensas o los huracanes son amenazas naturales; los desastres no lo son. Un desastre ocurre cuando una amenaza impacta sobre personas, infraestructuras y sistemas vulnerables.

 

Hablar de “desastre natural” oculta responsabilidades, normaliza la pérdida y desplaza la atención del verdadero problema: la forma en que construimos, planificamos y decidimos. Desde el análisis de riesgo, este mito impide ver que el desastre es el resultado de decisiones acumuladas en el tiempo.

 

2. Mito 2: “Los desastres no se pueden prevenir”

 

Cuando se acepta esta idea, la prevención se vuelve secundaria y la respuesta reactiva se convierte en la norma. Sin embargo, décadas de evidencia muestran lo contrario: gran parte del impacto de los desastres es prevenible o reducible.

 

La prevención no siempre significa evitar la amenaza, sino reducir la exposición y la vulnerabilidad. Normativas de construcción, ordenamiento territorial, mantenimiento de infraestructura crítica y análisis de riesgo bien hechos son ejemplos claros de prevención efectiva. Desde la seguridad integral, este mito justifica la inacción previa y sobrecarga los planes de emergencia con expectativas irreales.

 

3. Mito 3: “La ayuda externa es lo más importante”

 

La narrativa mediática suele enfocarse en la ayuda internacional posterior al desastre. Sin embargo, la evidencia muestra que las primeras respuestas casi siempre provienen de actores locales: comunidades, trabajadores, servicios cercanos y organizaciones ya presentes en el territorio.

 

Sobredimensionar la ayuda externa puede debilitar la inversión en capacidades locales, que son las que realmente marcan la diferencia en las primeras horas y días. En términos de gestión del riesgo, este mito desplaza recursos de la preparación hacia la expectativa de auxilio posterior.

 

4. Mito 4: “Después del desastre hay pánico y caos”

 

Contrario a lo que muestran películas y titulares, los estudios indican que el comportamiento humano en emergencias suele ser cooperativo y racional, no caótico. Las personas ayudan, se organizan y toman decisiones basadas en su contexto inmediato.

 

Creer en el pánico generalizado conduce a planes de emergencia mal diseñados, excesivamente autoritarios o desconectados de la realidad social. Para quienes diseñan análisis de riesgo y planes de respuesta, desmontar este mito es clave para planear desde el comportamiento real, no desde el miedo.

 

5. Mito 5: “Reconstruir es volver a la normalidad”

 

Después de un desastre, “volver a como estaba antes” suele presentarse como un objetivo deseable. El problema es que esa normalidad muchas veces era la causa del riesgo.

 

Reconstruir sin corregir vulnerabilidades reproduce el desastre futuro. Por eso, enfoques como Build Back Better insisten en que la recuperación debe ser una oportunidad de reducción del riesgo, no solo de restitución física. En análisis de riesgo, este mito impide cerrar el ciclo de aprendizaje.

 

6. Mito 6: “Los desastres afectan a todos por igual”

 

Los desastres no son democráticos. Su impacto está fuertemente condicionado por factores como el nivel socioeconómico, género, edad, tipo de empleo, ubicación y acceso a servicios.

 

Ignorar estas diferencias conduce a análisis de riesgo incompletos y a planes que protegen más a unos que a otros. Desde la seguridad integral, reconocer esta desigualdad es esencial para entender quién está realmente en riesgo y por qué.

 

7. Mito 7: “Los desastres son eventos aislados”

 

Ver los desastres como eventos puntuales impide reconocerlos como parte de procesos acumulativos de riesgo. Urbanización mal planificada, degradación ambiental, cambio climático y decisiones económicas interactúan y se refuerzan entre sí.

 

Este mito es especialmente peligroso para el análisis de riesgos organizacional, porque fomenta evaluaciones fragmentadas, desconectadas del contexto sistémico en el que operan las organizaciones.

 

¿Por qué estos mitos persisten?

 

Persisten porque simplifican la realidad, facilitan narrativas rápidas y evitan conflictos políticos y organizacionales. También persisten porque cambiar la narrativa implica cambiar responsabilidades.

 

Para los profesionales de seguridad y gestión del riesgo, desmontar estos mitos no es un ejercicio ideológico, sino una tarea técnica: las decisiones se basan en cómo entendemos el problema.

 

Implicaciones para la seguridad integral

 

Desmontar estos mitos tiene consecuencias prácticas:

 

  • Mejora la calidad del análisis de riesgos.

  • Fortalece la prevención frente a la reacción.

  • Permite diseñar planes más realistas y humanos.

  • Integra el riesgo como proceso, no como evento.

 

En seguridad integral, las ideas equivocadas también generan riesgo.

 

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Cambiar la narrativa para reducir el riesgo

 

Reducir el riesgo de desastre no depende solo de mejores herramientas o más datos, sino de mejores preguntas y narrativas. Mientras sigamos explicando los desastres como hechos naturales, inevitables o aislados, seguiremos gestionando sus consecuencias en lugar de sus causas.

 

Cambiar cómo hablamos del riesgo cambia cómo lo analizamos y cómo lo prevenimos. Y en ese cambio, quienes trabajamos en seguridad integral tenemos una responsabilidad clara: desmontar mitos también es una forma de prevención. Porque en gestión del riesgo, lo que creemos… importa mucho.


 

Ten un día seguro®.

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Fuentes consultadas


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