Cuando la desigualdad se vuelve riesgo: lo que revela el nuevo Plan de acción de género del Marco de Sendai
- Graciela Zapata

- 8 dic 2025
- 5 Min. de lectura
El riesgo tiene rostro humano
En la gestión del riesgo de desastres solemos hablar de sismos, huracanes, sequías o incendios como si fueran fenómenos aislados. Pero la evidencia global es clara, pues sabemos que no es el peligro lo que define el desastre, sino la vulnerabilidad de las personas. Y esa vulnerabilidad no es neutra. Está atravesada por desigualdades históricas que afectan de manera distinta a mujeres, niñas, personas de género diverso, personas con discapacidad, comunidades indígenas y poblaciones en situación de pobreza.
Con esa premisa, la UNDRR, junto con ONU Mujeres y UNFPA, presentó el Plan de Acción de género (Sendai GAP) para acelerar la igualdad como estrategia fundamental de resiliencia. Se trata del primer esfuerzo global para operacionalizar el Marco de Sendai desde la perspectiva de género, con objetivos, acciones y roles claramente definidos.
El mensaje central es contundente: sin igualdad, no hay resiliencia; sin perspectiva de género, la reducción del riesgo se queda incompleta.

La desigualdad es un multiplicador de riesgo
El documento parte de una observación tan evidente como ignorada, aunque los desastres afectan a toda la población, sus impactos no son homogéneos. Las mujeres enfrentan mayores barreras para evacuación, información, acceso a recursos, reubicación y recuperación económica. También están más expuestas a la violencia de género antes, durante y después de un desastre.
Estas desigualdades no son productos del azar. Tienen causas sistemáticas:
Brechas salariales y mayor informalidad laboral.
Carga desproporcionada de cuidados.
Menor acceso a tierras, vivienda, servicios financieros.
Menor participación en espacios de toma de decisiones.
Datos insuficientes o mal recolectados.
El Sendai GAP lo resume así “La desigualdad no solo incrementa el riesgo; lo hace más profundo, más injusto y difícil de romper.”
El corazón del Sendai GAP: 9 objetivos que transforman la prevención
A diferencia de otros marcos conceptuales, este Plan de Acción propone objetivos concretos acompañados de 33 acciones específicas. Entre los más relevantes destacan:
Producir y usar datos desagregados, como sexo, edad, discapacidad, ingresos, ubicación. Sin datos completos, no hay política informada.
Aplicar análisis de género en decisiones de riesgo. Planes de emergencia, mapas de riesgo, sistemas de alerta, reconstrucción… todo debe considerar cómo cada grupo experimenta el riesgo.
Garantizar participación significativa de mujeres, no como invitadas, sino como liderazgo técnico y comunitario.
Incluir género en normas, presupuestos e inversión, desde códigos de construcción hasta fondos de resiliencia.
Integrar salud sexual y reproductiva en emergencias, este es un tema crítico que suele ignorarse en contextos de desastre.
Prevenir y atender violencia basada en género. Los refugios, albergues y sistemas humanitarios deben tener protocolos formales.
Fortalecer capacidades de organizaciones de mujeres, pues son actores clave en la resiliencia comunitaria.
Alinear políticas locales con Sendai, CEDAW y la Agenda 2030. Enfoque interseccional y multisectorial.
Transformar la gobernanza del riesgo, que la igualdad sea parte del diseño institucional, no un “extra”.
Cada objetivo viene acompañado de ejemplos prácticos, indicadores propuestos y actores responsables. Eso convierte el plan en un documento operativo y no meramente declarativo.
Riesgo, género e interseccionalidad: una ecuación ineludible
El Sendai GAP introduce la interseccionalidad como principio rector: El riesgo no es igual para una mujer indígena que para una mujer urbana; ni para una niña migrante que para una mujer con discapacidad; ni para una trabajadora informal que para una profesional técnica.
El documento remarca que las políticas de riesgo deben reflejar esa realidad, no invisibilizarla. El análisis interseccional permite:
diseñar alertas más inclusivas,
planear refugios seguros,
distribuir ayuda de forma equitativa,
reconstruir comunidades sin reproducir desigualdades,
identificar quién queda fuera de los sistemas de información,
y priorizar a quienes realmente lo necesitan.
La parte operativa: ¿quién debe hacer qué?
Una de las virtudes del Plan es su claridad para asignar responsabilidades:
Gobiernos nacionales
Generar datos.
Reformar leyes y políticas.
Financiar acciones.
Fortalecer sistemas de protección civil.
Gobiernos locales
Implementar alertas inclusivas.
Asegurar refugios seguros.
Involucrar organizaciones de mujeres en el territorio.
Academia y centros de investigación
Desarrollar metodologías de análisis con enfoque de género.
Aportar evidencia para políticas públicas.
Sector privado
Integrar género en continuidad de operaciones.
Proteger trabajadoras en emergencias.
Asegurar que la comunicación del riesgo llegue a todos.
Comunidades y organizaciones de mujeres
Liderar estrategias locales.
Identificar barreras reales.
Ser socias en la implementación, no solo beneficiarias.
La reducción del riesgo es un trabajo colectivo, y el Sendai GAP lo explicita con claridad.

Relevancia para la seguridad integral
Porque la seguridad integral no es solo técnica, es profundamente humana. Y porque las organizaciones, tanto públicas como privadas, también reproducen desigualdades que generan riesgo:
Protocolos que no consideran necesidades diferenciadas.
Comunicación del riesgo diseñada sin prueba con población diversa.
Simulacros que no toman en cuenta movilidad, cuidados o accesibilidad.
Equipos de emergencia homogéneos que dejan fuera experiencias esenciales.
Continuidad operativa sin perspectiva de género.
El Sendai GAP nos recuerda que la igualdad también es prevención, y que la seguridad solo es integral si es inclusiva, diversa y basada en evidencia.
El Plan de Acción de género ofrece un ahoja de ruta para pasar del discurso a la acción. Si quieres consultar el documento completo, puedes descargarlo a continuación.
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Conclusión — Resiliencia con rostro humano
La resiliencia no se construye solo con sensores, protocolos o modelos. Se construye cuando reconocemos que las personas viven los riesgos de manera distinta, y diseñamos políticas que protejan a todos.
El Sendai GAP es un recordatorio poderoso: la reducción del riesgo es también un proyecto de igualdad, y la igualdad es, en sí misma, una estrategia de resiliencia. En un mundo donde el riesgo crece más rápido que la capacidad de respuesta, integrar género no es opcional: es urgente, técnico, ético y profundamente humano.
Graciela Zapata
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Fuentes consultadas
United Nations Office for Disaster Risk Reduction, UN Women, & United Nations Population Fund. (2023). Plan de acción de género para apoyar la implementación del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015–2030 (Sendai GAP). https://www.undrr.org
Organismos mencionados en el artículo
UNDRR - United Nations Office for Disaster Risk Reduction (Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres). Es el organismo de la ONU encargado de coordinar, promover y evaluar la reducción del riesgo de desastres a nivel global. Es también el custodio del Marco de Sendai 2015–2030.
UN Women - United Nations Entity for Gender Equality and the Empowerment of Women (Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres). Es la agencia líder de la ONU en temas de igualdad de género, derechos de las mujeres y eliminación de la violencia de género.
UNFPA - United Nations Population Fund (Fondo de Población de las Naciones Unidas). Trabaja en temas de salud sexual y reproductiva, derechos reproductivos, datos poblacionales y apoyo a poblaciones vulnerables en emergencias humanitarias.




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