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Bomberos y cáncer: entender el riesgo más allá del fuego

En el imaginario colectivo, el mayor peligro para un bombero ocurre durante el incendio: colapsos estructurales, explosiones o quemaduras. Sin embargo, la evidencia científica muestra que uno de los riesgos más relevantes no es inmediato, sino acumulativo y silencioso: el cáncer ocupacional.


A diferencia de otros eventos críticos, el cáncer no aparece en el momento de la exposición. Se desarrolla años o incluso décadas después, lo que dificulta su reconocimiento como riesgo laboral directo. Para quienes gestionan seguridad integral, este fenómeno plantea un desafío técnico: cómo prevenir un daño cuya causa es difusa, acumulativa y muchas veces invisible.


 

El problema - Evidencia epidemiológica creciente


La investigación internacional ha avanzado de forma significativa en los últimos años. Un meta-análisis reciente identificó asociaciones positivas entre la ocupación de bombero y varios tipos de cáncer, incluyendo mesotelioma, vejiga, próstata, testicular, colon y melanoma .


De forma consistente, revisiones sistemáticas también reportan mayor incidencia en cánceres como rectal, vesical, testicular y linfomas, así como incrementos en mortalidad por algunos de estos .


Aunque el riesgo global de cáncer no siempre es significativamente mayor en todos los grupos, ciertos tipos específicos sí muestran aumentos estadísticamente relevantes. Esto sugiere que el problema no es homogéneo, sino asociado a exposiciones concretas dentro de la actividad.


Adicionalmente, estudios recientes señalan que los bomberos pueden presentar un 9% más probabilidad de desarrollar cáncer y un 14% más riesgo de morir por esta causa en comparación con la población general .


La causa - Exposición compleja a carcinógenos


El entorno operativo del bombero es químicamente hostil. Durante un incendio, la combustión de materiales modernos —plásticos, espumas, textiles sintéticos— genera una mezcla compleja de contaminantes.


Entre los agentes más relevantes se encuentran:


  • Hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs)

  • Benceno y compuestos orgánicos volátiles.

  • Metales pesados.

  • Asbesto.

  • Dioxinas y formaldehído.

  • Sustancias perfluoradas (PFAS) presentes en espumas y equipos.


Estos compuestos pueden ingresar al organismo por inhalación, ingestión o absorción dérmica .


Un aspecto crítico es que la exposición no termina al apagar el incendio. Equipos contaminados, estaciones con ventilación deficiente o incluso prácticas cotidianas (como cocinar en ambientes con residuos) pueden prolongar la exposición .


Esto redefine el riesgo: ya no es solo el evento crítico, sino todo el sistema operativo del servicio de bomberos.


El factor olvidado - La contaminación secundaria


Uno de los hallazgos más relevantes en investigaciones recientes es el concepto de “contaminación persistente”.


Los equipos de protección personal (EPP), diseñados para salvar vidas, pueden convertirse en reservorios de contaminantes. Las partículas y compuestos químicos se adhieren a los textiles y pueden liberarse posteriormente en estaciones, vehículos o áreas de descanso.


Este fenómeno es comparable al “third-hand smoke” (humo de tercera mano) en ambientes con humo de tabaco: la exposición continúa incluso después de finalizado el evento inicial .


Desde la perspectiva de seguridad integral, esto implica que el control del riesgo debe extenderse más allá del incendio hacia la logística, almacenamiento, limpieza y cultura organizacional.



Implicaciones para la gestión del riesgo


El cáncer en bomberos no puede abordarse únicamente como un problema médico. Es, en esencia, un problema de gestión del riesgo ocupacional.

Algunas implicaciones clave:


1. El riesgo es acumulativo, no puntual. Las exposiciones repetidas, incluso a bajas dosis, generan efectos a largo plazo.


2. La protección no es absoluta. El EPP reduce la exposición, pero no la elimina completamente.


3. El sistema completo genera riesgo. Desde la escena del incendio hasta la estación, todo el entorno influye.


4. Existe incertidumbre científica. Factores como hábitos personales, genética o variabilidad en exposiciones dificultan atribuir causalidad directa en todos los casos.


Recomendaciones — De la reacción a la prevención


Desde un enfoque técnico, la gestión del riesgo debe evolucionar hacia medidas proactivas:


A. Control de exposición

  • Uso riguroso de equipos de respiración incluso en fases de remoción (overhaul)

  • Minimizar contacto directo con residuos de combustión.


B. Higiene operativa

  • Lavado inmediato tras intervención.

  • Protocolos estrictos de descontaminación de EPP.


C. Gestión de estaciones

  • Separación de áreas limpias y contaminadas.

  • Control de emisiones diésel en garajes.


D. Vigilancia de la salud

  • Programas de monitoreo médico y detección temprana.

  • Registro de exposiciones a lo largo de la carrera.


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Reflexión final


El fuego es visible, el cáncer no. Y sin embargo, puede ser una de las consecuencias más profundas del trabajo que realizan los bomberos. La seguridad integral exige ampliar la mirada: no basta con proteger la vida en el momento crítico, también implica cuidar la salud en el largo plazo. Porque el verdadero éxito de un sistema de seguridad no es solo que nadie muera hoy, sino que todos puedan vivir bien mañana.

 

 

Ten un día seguro®.

EdukaSafety®



Fuentes consultadas

  • DeBono, N. L., et al. (2023). Firefighting and Cancer: A Meta-analysis of Cohort Studies. Safety and Health at Work. https://doi.org/10.1016/j.shaw.2023.02.003

  • Laroche, E., & L’Espérance, S. (2021). Cancer Incidence and Mortality among Firefighters. IJERPH. https://doi.org/10.3390/ijerph18052519

  • Abraham, M.-R. (2025). Firefighters have a higher risk of cancer – but why? UCLA Health

  • American Cancer Society. (s.f.). Fire Fighters and Cancer Risk. https://www.cancer.org

  • NIOSH. (2025). National Firefighter Registry for Cancer. CDC


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