Índice de Riesgo Climático 2026
- Sergio San Martín Faur

- 22 dic 2025
- 4 Min. de lectura
El riesgo no se distribuye de forma equitativa
Cada año, los fenómenos meteorológicos extremos ocupan titulares: huracanes más intensos, inundaciones históricas, olas de calor sin precedentes. Sin embargo, detrás de esa narrativa global hay una pregunta clave que rara vez se aborda con rigor técnico: ¿quién asume realmente el costo humano y económico del clima extremo?
El Climate Risk Index 2026 (CRI), elaborado por Germanwatch, no responde con opiniones, sino con datos comparables y consistentes a lo largo de tres décadas. Y su mensaje es incómodo, pero claro: el riesgo climático no es neutral, se concentra de manera sistemática en los países que tienen una menor capacidad de respuesta.
Este artículo analiza los hallazgos más relevantes del CRI 2026 y explica por qué son especialmente relevantes para quienes trabajamos en seguridad integral, gestión del riesgo y resiliencia organizacional.

Treinta años de impacto acumulado: el riesgo persistente
El CRI evalúa los impactos de eventos meteorológicos extremos considerando cuatro variables principales: muertes, personas afectadas, pérdidas económicas absolutas y pérdidas económicas relativas al PIB. Con base en ese enfoque, el periodo 1995–2024 arroja un patrón consistente.
Los países más afectados a largo plazo son Dominica, Myanmar y Honduras. No se trata de economías altamente industrializadas ni de grandes emisores históricos de gases de efecto invernadero. Son países con alta exposición, elevada vulnerabilidad y capacidades limitadas de recuperación.
Entre 1995 y 2024, el registro global muestra:
Más de 9,700 eventos meteorológicos extremos.
Más de 832,000 muertes directas.
Pérdidas económicas cercanas a 4.5 billones de dólares.
Aproximadamente 5,700 millones de personas afectadas.
Estas cifras no describen un problema futuro. Describen un riesgo acumulado que ya se materializó.
El impacto reciente: 2024 y la aceleración del daño
El análisis específico de 2024 refuerza la misma conclusión. Los países más afectados ese año fueron San Vicente y las Granadinas, Granada y Chad.
En el Caribe, el huracán Beryl y eventos de inundación severa provocaron daños desproporcionados respecto al tamaño de las economías locales. En África, las olas de calor y la variabilidad hidrometeorológica profundizaron crisis humanitarias preexistentes.
El CRI 2026 muestra que 8 de los 10 países más afectados en 2024 pertenecen al grupo de ingresos bajos o medio-bajos. Lo que representa una clara tendencia.
La desigualdad como multiplicador de riesgo
Uno de los aportes más relevantes del CRI es evidenciar que el impacto climático no depende únicamente de la intensidad del fenómeno, sino del contexto social, económico e institucional en el que ocurre.
El propio informe reconoce limitaciones importantes en la calidad y cobertura de datos, especialmente en países del Sur Global (134 países en África, Latinoamérica, Oceanía y Asia). Menor densidad de estaciones meteorológicas, subregistro de daños y dificultades para cuantificar pérdidas económicas reales implican que el impacto real probablemente esté subestimado.
Cuando el análisis se ajusta con indicadores como el Índice de Desarrollo Humano, muchos países en desarrollo escalan posiciones en el ranking de riesgo, lo que confirma que la desigualdad no solo agrava el impacto, sino que también lo invisibiliza parcialmente.
De eventos excepcionales a amenazas permanentes
Históricamente, el CRI distinguía entre países afectados por eventos extremos únicos y aquellos expuestos a eventos recurrentes. Dominica o Honduras representan el primer grupo; Filipinas, Haití e India, el segundo.
El problema es que esa frontera se está desdibujando. La evidencia científica muestra que el cambio climático está transformando eventos antes considerados excepcionales en amenazas recurrentes. La “emergencia” se convierte en normalidad operativa.
Para la gestión del riesgo, esto implica un cambio profundo: ya no se trata de prepararse para eventos raros, sino de convivir con la exposición constante.
La atribución climática: el riesgo ya tiene responsable
Otro elemento clave del CRI 2026 es la incorporación de evidencia de ciencia de la atribución climática. En 2024, varios estudios demostraron que el cambio climático inducido por actividades humanas fue un factor más determinante que fenómenos naturales como El Niño en diversos eventos extremos.
Olas de calor en el Sahel, inundaciones en Brasil y temporadas de tifones en Filipinas mostraron incrementos claros en probabilidad e intensidad atribuibles al calentamiento global. Esto cambia el debate: el riesgo ya no es abstracto ni difuso; es identificable y medible.

¿Qué significa esto para la seguridad integral?
Para los profesionales de la seguridad, el CRI 2026 deja varias lecciones claras:
El riesgo climático es sistémico, no sectorial.
La vulnerabilidad social y económica es un factor técnico de riesgo.
La prevención ya no puede limitarse a planes reactivos, se requiere anticipación, resiliencia y gobernanza.
La gestión del riesgo climático debe integrarse a continuidad operativa, planeación territorial y toma de decisiones estratégicas.
La seguridad integral no puede ignorar estas dinámicas sin perder relevancia técnica.
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Conclusión: el riesgo climático es también una cuestión de justicia
El Índice de Riesgo Climático 2026 no es solo un ranking. Es un diagnóstico incómodo que muestra cómo el clima extremo amplifica desigualdades preexistentes y castiga con mayor dureza a quienes menos contribuyeron al problema.
Para quienes trabajamos en prevención, gestión del riesgo y seguridad humana, el mensaje es claro: ignorar la dimensión social del riesgo climático es un error técnico. Entenderla, medirla e integrarla en la práctica profesional es una responsabilidad. El riesgo ya está aquí. La pregunta es si nuestras decisiones estarán a la altura de esa realidad.
Sergio San Martín Faur
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Fuentes consultadas
Germanwatch. (2025). Global Climate Risk Index 2026: Who suffers most from extreme weather events? Germanwatch e.V.
Intergovernmental Panel on Climate Change. (2023). AR6 Synthesis Report: Climate change 2023. IPCC.
United Nations Office for Disaster Risk Reduction. (2022). Global assessment report on disaster risk reduction 2022: Our world at risk. UNDRR.
United Nations Office for Disaster Risk Reduction. (2024). Global Assessment Report special update: Hazard, exposure and vulnerability. UNDRR.
World Meteorological Organization. (2024). State of the global climate 2023. WMO.
Otto, F. E. L., et al. (2023). Climate change attribution: from weather events to impacts and damages. Annual Review of Environment and Resources.
World Bank. (2023). Climate and development report 2023. World Bank Group.




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